«A partir de la Edad Media, la dirección de los ejércitos y el servicio de las armas fueron tareas realizadas por la nobleza. En la historia militar y política de Andalucía y, por supuesto, de España, desempeñaron un papel relevante, además de las órdenes militares, las cofradías, maestranzas y otros cuerpos de caballería, institutos fomentados por la Corona con la intención de que la nobleza local se ejercitara en el uso de la caballería y de las armas, a fin de poder dar inmediata respuesta a la llamada del Rey e intervenir allá donde fuera necesario. En el caso de Ronda, Felipe II no hizo sino sancionar y estimular una práctica que se había acreditado con el tiempo. Se sabe, por ejemplo, que el cuerpo militar de la nobleza de Ronda intervino, ya en 1569, en la guerra contra los moriscos antes, incluso, de que la Real Cédula del 6 de septiembre de 1572 fundara la propia Maestranza. Por este documento se comprueba, también, que el Rey recomendaba vivamente a los caballeros ejercitarse para la guerra mediante la realización de torneos, juegos de cañas, alcancías, anillas y, cómo no, alanceando toros bravos. El enfrentamiento con el toro era parte del adiestramiento ecuestre además de constituir un espectáculo popular. Unos años después, en 1575, la Maestranza de Ronda recibe unas instrucciones de Felipe II para que los caballeros se esmerasen en la cría de «buenos caballos para la guarda y defensa del Reyno». Aunque el avance de la Europa de las naciones llevase consigo la formación de ejércitos de financiación y dirección estatal, el cuerpo militar de la Real Maestranza de Ronda no abandonó por completo su preparación para la guerra, como pudo demostrarlo cuando se unió con otras fuerzas para hacer frente a la invasión de Napoleón Bonaparte. Concluido su compromiso histórico con el ejército, la Maestranza rondeña continuó manteniendo su escuela de equitación y orientó sus actividades hacia la cultura y la beneficencia. A lo largo, pues, de siglos, los maestrantes de Ronda no dejaron de enfrentarse a toros, de alancearlos y, «si el código del honor obligaba, incluso de enfrentarse a pie, cara a cara, y abatir al animal a espadazos». Este centenario juego con el toro ha sido el fondo del que pudo nutrirse, en Ronda, una tauromaquia señorial y popular capaz de dar paso al moderno toreo a pie. El hecho extraordinario de que en Ronda hayan nacido las dos dinastías de toreros más importantes de su época, –los Romero y los Ordóñez– no se entendería sin la existencia de una institución como la Real Maestranza de Caballería de Ronda»

Pedro Romero de Solís

Las Reales Maestranzas de Caballería nacen a lo largo de un período de tiempo que abarca los siglos XVI al XIX. La cronología de estas instituciones aristocráticas se inician con la fundación de la de Ronda, en 1572, y terminan con la de Zaragoza, en 1824. A lo largo del XVII se fundan las de Sevilla, Granada y Valencia.

Maestranza es término que surge a mediados del XVII en Andalucía, derivación del vocablo maestro que enseñaba el arte de la jineta, estilo de montar de procedencia arábigo-andaluza. Se designa así a una congregación de individuos de calidad para ejercitarse en el manejo de los caballos con destreza. Responden al modelo de instituciones medievales, cofradías de caballeros y guerreros que se ejercitaban para mantenerse en forma para la defensa de fronteras durante la Reconquista, prestos para defender al monarca.

El origen para su creación es una cédula real de Felipe II del 6 de septiembre de 1572, animando a «...que en las ciudades, villas y lugares de estos Reinos, los caballeros y hombres principales y de calidad fundasen e instituyesen entre sí algunas Cofradías, Compañías u Orden, debajo de la advocación de algún Santo, con tales Ordenanzas, condiciones y capítulos que para ellos, entre otras cosas, se ordenasen fiestas en algunos días señalados de Justas, Torneos y Juegos de Cañas y otros ejercicios militares»

Los reyes distinguieron a estas instituciones con una serie de privilegios, sobre todo en el siglo XVIII. Así, Felipe V concedió que un miembro de la familia real sería siempre el hermano mayor en cada una, y a partir de un determinado momento, figuraría como hermano mayor el propio rey. Cada una tenía su propio uniforme, y facultad para organizar corridas de toros.

En la historia particular de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, se pueden distinguir los siguientes períodos:



Tratado de caballería. Tapia y Salcedo. Biblioteca Colombina,
Sevilla.



Justa de las Reales Maestranzas
por la jura de Isabel II como princesa heredera.
Litografías de P. Blancharz, 1834.

1525-1705. La cédula de Felipe II fue leída en Ronda en cabildo el martes 22 de septiembre del mismo año de 1572. El Corregidor y demás caballeros presentes, en nombre de la ciudad, siguieron el ritual acostumbrado, se destocaron, tomaron el escrito del monarca en las manos, lo besaron y pusieron sobre sus cabezas en señal de acatamiento. Al tiempo que se acordaba avisar a todos los caballeros que no estuviesen presentes, se determinó, como primer paso, limpiar la carrera pública de la plaza del Pozo, comprar una lanza jineta y unos cascabeles para que los días de fiesta corriesen todos los caballos que se quisieran presentar.

En 1573 se constituyó el germen de la futura Maestranza, como Cofradía del Santo Espíritu, poniendo por Ordenanza hacer fiesta de caballos «el día segundo de Pascuas del Espíritu Santo, el de San Juan y el de San Pedro, las Carnestolendas y Pascua de Resurrección, y que todos los jueves los caballeros mozos montasen en la plaza del Pozo, teniendo por patrona a Nuestra Señora de Gracia. En paralelo, se adoptaron ordenanzas sobre la cría y conservación de la raza del caballo en Ronda, labor a la que se dedicaron desde las primeras fechas. Durante este tiempo fue «una institución educativa, una verdadera escuela de instrucción militar, cuyo catecismo se cifraba en el arte gallardo de la jineta y de la esgrima de la lanza, ostentada en públicas fiestas de días señalados, cuyos ejercicios y cuya designación venían a constituir sus primeras y únicas ordenanzas» (Juan Pérez de Guzmán, La Casa del Rey Moro, Madrid, 1920)

1706-1750. El nacimiento en algunas ciudades de Cuerpos nobiliarios, a partir del último tercio del siglo XVII, y la aceptación del término Maestranza para designarlos, propiciará el cambio de denominación de la antigua Cofradía del Santo Espíritu. Sus medios y sus fines permanecen inalterables, pero se acomete la estructura de su organización interna para adecuarse a las nuevas épocas.

El 17 de octubre de 1706 se celebra una histórica reunión en el recinto de la iglesia de Nuestra Señora de Gracia. Se independizan del Ayuntamiento de la ciudad y se admiten nuevos maestrantes siempre hábiles y dispuestos para el servicio del Rey.
En este período son de destacar circunstancias históricas como la Guerra de Sucesión (1701-1730), con la pérdida de Gibraltar, la defensa de las costas y las prerrogativas de Felipe V de 1730 a las Maestranzas, ratificadas por Fernando VI. A partir de aquí, recibiría la denominación de Real Maestranza de Caballería de Ronda, como se la conoce.

1750-1850. Este período está considerado como el de máxima brillantez alcanzada por la Corporación. En este sentido de proyección, se distinguen dos factores:
- El que se refiere al fenómeno social de la nobleza
- El relativo a los toros, con la construcción de la plaza y el auge de la Tauromaquia.
La Maestranza conoce un incremento de hermanos, se establece la yeguada para la cría caballar, iniciativa que acabaría con la Guerra de la Independencia; se acomete la redacción de las Ordenanzas y durante un tiempo se crea y mantiene una Academia de Ciencias Menores, para los hijos de los miembros.
Se traslada el escenario de justas y torneos de la Carrera del Pozo a la Plaza de Santa María la Mayor. Dependiendo de la conmemoración que se celebraba en la plaza, presidida por un retrato del Rey o del Infante, cuando los juegos finalizaban se daba las gracias a la Patrona, Nuestra Señora de Gracia, en la cercana ermita de su nombre. Como colofón, en la casa del Teniente de Hermano Mayor se obsequiaba a los hermanos con un refrigerio, calificado siempre de espléndido, y baile hasta el amanecer.
En este período se suceden acontecimientos como la Guerra de la Independencia, en los que la Maestranza conocerá sus propias vicisitudes. Tras la abdicación de Carlos IV, el advenimiento al trono de su hijo Fernando VII se había solemnizado con grandes funciones por la Maestranza. Las cuatro Maestranzas fueron reclamadas para exhibir sus habilidades con motivo del previsto encuentro del Rey con Napoleón I. El levantamiento popular contras las tropas francesas del 2 de mayo impediría la demostración, y daría lugar al Batallón de la Maestranza, que participó en la batalla de Almonacid.

1850-2000. La Maestranza de Caballería de Ronda continúa en este período hasta nuestros días, y acentúa su colaboración con su ciudad matriz, en forma de donaciones y ayudas para obras públicas, sanidad y otros, además de ceder su plaza para fines diversos. Son éstas sus funciones principales, conservar la plaza de toros y contribuir a obras de carácter social y cultural.

 

 


 



Murallas de Ronda. Litografía de D. Robert, 1835.
Del libro «L'Espagne pittoresque, artistique et monumentale». Ronda.

Ronda. Reseña histórica

Ronda se presenta a sí misma como la ciudad soñada, convirtiendo en emblema propio las palabras dedicadas por el poeta Rainer María Rilke. Está emplazada en una meseta miocénica de más de 700 m. de altura sobre el nivel del mar, separada de la costa por un relieve accidentado sometido a un clima severo. Está rodeada por un círculo de sierras jurásicas, embutida en un conjunto de Parques Naturales y espacios protegidos. Cartajima al sur; Sierra de las Nieves al este, con la máxima altitud de Torrecilla, de 1919 m., con Castillejos y Líbar al oeste y un conjunto de lomas que se extienden hacia el norte. El río Guadalevín, el Wadi L-Laban de los árabes, río de la leche, afluente por la izquierda del Guadiaro, parte en dos la villa en dirección sureste-noroeste, trazando la profunda garganta del Tajo, una caída de más de 90 m. de profundidad. Un accidente que presta a la ciudad una de sus marcas de identidad.
Tradicionalmente, se ha identificado la Arunda mencionada por Plinio cerca de la vecina Acinipo como la Ronda actual. En realidad, el lugar no llegaría a ser, en época romana, más que un pequeño asentamiento. Es en época islámica cuando comienza a adquirir importancia, como cabeza de una circunscripción provincial, la cora de Takurunna, y su primer poblamiento en este período fue de origen beréber. Las fuentes mencionan algunas familias beréberes de la comarca de Takurunna, como los Banu Jali, que proporcionan 400 jinetes a Abd al-Rahman I al poco de llegar a la Península, y otros que se integraron en el estado omeya desde el primer momento. De esta región son los antepasados del célebre Umar ibn Hafsún, el muladí de Bobastro que se alzó contra el poder central de Córdoba, guerreando contra dos emires y el primer califa hispano, Abderramán III. Hacia el siglo X, Ronda es ya una plaza «muy fuerte e muy antigua», según las crónicas. Sin embargo, las dudas son muchas al tratar de situar lo que hoy conocemos como Ronda. Según un autor del siglo XIII, en la región rondeña había tres núcleos de población: una ciudad llamada Takurunna, la fortaleza de Ronda (Runda) y el castillo de Onda (Unda).



Litografía de Pannemaker, 1848. Del libro «L'Espagne pittoresque, artistique et monumentale». Ronda.




Litografía de D. Robert, 1835. Del libro «L'Espagne pittoresque, artistique et monumentale».

La disolución del Califato de Córdoba y el consiguiente sistema de pequeños reinos independientes, taifas, que guerrean entre sí, provocará que Ronda caiga en manos de los sevillanos del rey al-Mutadid, conquista que producirá un buen número de poemas realzando su condición de plaza inexpugnable. Posteriormente pasaría a formar parte de los imperios almorávide y almohade. Es con los segundos cuando Ronda comienza a adoptar auténticas trazas de ciudad, con una fisonomía que se parece más a la de la posterior medina nazarí del siglo XIV que a la de un simple centro de refugio de centurias anteriores. En tiempos de los primeros nazaríes de Granada, Ronda será cedida a los meriníes a cambio de apoyo, hasta que las victorias castellanas alejan a esta dinastía magrebí de las tierras de al-Andalus. En Ronda se instalará más tarde Muhammad V, para iniciar su lucha por recuperar el trono granadino. En el siglo XV, los rondeños sufren los ataques de las tropas cristianas, hasta que Fernando el Católico la conquista el 22 de mayo de 1485 con la ayuda de la novedad de aquellos tiempos en los asedios, el uso de la artillería. El momento está ilustrado en uno de los bajorrelieves de la sillería del coro de la Catedral de Toledo.


El condicionamiento geológico, que la convirtieron en inaccesible, hacen de Ronda una ciudad única en Europa, circunstancia que históricamente ha entorpecido su expansión urbanística, cercada por el Gaudalevín, el arroyo de las Culebras y el imponente precipicio al norte. No tenía buena fama el lugar en el siglo XI, a juzgar por la descripción de un viajero anónimo: «Es una ciudad que lleva la marca del salvajismo, pues la severidad más desabrida no la abandona nunca / Los que la han visitado alguna vez, después de abandonarla no han tenido intención de visitarla de nuevo / Su horizonte está siempre brumoso y su plaza llena los corazones de tristeza.» Sin embargo, un siglo después, el príncipe Ismail Imad ab al-Ayyubi la vió así: «Ronda tiene uno de los castillos más formidables y elevados, que lo coronan las nubes a modo de turbante y como si lo engalanaran con collares dobles de perlas variadas». Es a partir del XIII cuando se amplía por las laderas oriental, occidental y meridional. Durante el siglo XIV, bajo el poder de los meriníes, el conjunto experimenta una serie de mejoras, enriqueciéndose con nuevas construcciones por orden del sultán Abú l-Hassan, donde su hijo Abd el Malik, conocido como Abomelic, se ha proclamado rey de Ronda, Algeciras y Gibraltar.
Durante su reinado, Madina Runda goza de una corte compuesta por filósofos, poetas e intelectuales destacados, y se convierte en un activo centro comercial, en cuyas tiendas y almacenes era posible encontrar las más sofisticadas mercaderías de Marruecos, Asia y España. Fortalezas bien guardadas, altas torres, abundantes pozos y residencias se levantan para ser heredados posteriormente por los conquistadores castellanos, que transforman sus templos y amplían sus casas palaciegas.
En el siglo XVIII, el crecimiento del Arrabal del Mercadillo obligó a dos grandiosas obras para salvarlo, conservándose la segunda, el monumental Puente del Tajo de Ronda, que enlaza la parte antigua con la moderna. Se distinguen de esta forma los tres sectores que se reconocen hoy: el Mercadillo, donde se advierte el impulso racionalista e ilustrado de Carlos III; la Ciudad, correspondiente a la medina árabe, la parte más noble, y el Barrio de San Francisco, de labradores y trabajadores del campo, al otro lado de las murallas de la antigua alcazaba.

Ronda vive el siglo XIX en su aislamiento serrano hasta que los viajeros extranjeros la descubren en pleno auge del movimiento romántico. El bandolerismo y el contrabando, favorecidos desde siempre por su escarpada geografía, y alimentado por las circunstancias derivadas de la Guerra de Independencia contra los ejércitos franceses, se convertirá a través de la literatura de viajes en una marca cuasicomercial. Merimée, Ford, Gautier, Davillier, los dibujos de Lewis, Roberts, Blanchard o Doré convierten a Andalucía en general, y a Ronda en particular, en una estampa, en la que se dan la mano el bandolero, la maja serrana y el torero valiente. En el momento de iniciar un paseo por Ronda, es importante no olvidar que detrás de esta tarjeta postal típica se esconde una historia mucho más rica y compleja, que debe gran parte de su carácter a su pasado árabe, y al impulso de la modernidad que significó la Ilustración.