Caballeros famosos como los duques de Maqueda y Pastrana, el marqués de Velada o los condes de Cantillana y Villamediana causaban tanta admiración que poetas como Góngora o Quevedo cantaron sus hazañas con los toros.

Mientras se prohibía matar toros a pie y por dinero a finales del siglo XIII, los nobles, en cambio, se ejercitaron en el deporte de alancearlos; lo que al principio fue una cacería, se transformó en un espectáculo.

Los Austrias demostraron desde el primer momento un gran interés por el combate de los toros. El mismo emperador Carlos I alanceaba toros. Lo instituyeron como espectáculo nacional al llamarlo Función Real, porque asistía el Rey, miembros de la familia real y dignatarios de la Corte.