
A
través de los monumentos arqueológicos y artísticos
que se han descubierto desde la Península Ibérica
hasta China, queda demostrada la importancia de los bóvidos
en las sociedades humanas a partir del Neolítico. Fueron
representados hace 14.000 años en la Cueva de la Pileta,
a ocho kilómetros de Ronda, y posteriormente en la Cueva
de Lascaux (Dordogna, Francia). En el Levante español
se adoraron frente a grandes abrigos de piedra. Ritos táuricos
de combate se celebraron al pie de las murallas de ciudades
sumerias del tercer milenio antes de nuestra era.