Prohibidos, por mandato del poder, los matatoros a pie durante la Edad Media, los juegos y combates populares con el toro seguían practicándose en pueblos y aldeas alejadas. La Reconquista de España del dominio musulmán y la repoblación de nuevas ciudades con legislación más permisiva sirvió para restablecer las fiestas de toros en muchas localidades. Con el desarrollo de la vida urbana del Renacimiento, la Tauromaquia pasará al ámbito de las grandes ciudades.