|




|
|
La Plaza
de Toros de Ronda, propiedad de la Real Maestranza de Caballería
de Ronda, es uno de los monumentos de mayor personalidad de la
geografía andaluza, y su existencia representa un capítulo
esencial en la historia de la Tauromaquia. La leyenda de este
coso severo e impresionante se desparrama a lo largo de la evolución
del arte de torear, y su arquitectura sigue fascinando a los que
tienen la oportunidad de visitarla.
Historia
de su construcción
La definitiva consagración de las corridas de toros como
fiesta eminentemente popular ocurre durante el reinado de Felipe
V y se consolida a lo largo del siglo XVIII. El toreo se profesionaliza,
y crece
la necesidad de unos recintos cerrados con capacidad para los
espectadores que sufragan los gastos pagando su entrada. De esta
forma, aparecen las primeras plazas exentas. Las Reales Maestranzas,
con la construcción de sus plazas de toros jugaron un papel
fundamental en la fijación de unos cánones estéticos
que servirían de modelo de una arquitectura. De las 5 Maestranzas
(Ronda, Sevilla, Granada, Valencia y Zaragoza), fueron las tres
andaluzas las que construyeron sus Plazas de Toros. La construcción
de la Plaza de Toros de Ronda se sostiene por un lado por el interés
de la Maestranza, y por otro por una tradición taurina
de constante vigencia. Ronda tuvo sus lugares donde se celebraban
habitualmente fiestas taurinas. Estos lugares coinciden con el
emplazamiento donde la Real Maestranza practicaba sus ejercicios.
Plaza del Pozo, «donde la Virgen de Gracia», patrona
de la Maestranza, en la plaza del barrio de San Francisco, por
mucho tiempo extramuros de
la ciudad. Plaza del Campillo, en la cornisa del Tajo, a espaldas
del Colegio de Santa Teresa, anteriormente Palacio de los Marqueses
de Moctezuma.
Plaza Mayor, en la que la balconada de la Iglesia Colegiata de
Santa María servía de tribuna destinada a autoridades
y personalidades. Esta balconada fue añadida al templo
a finales del siglo XVI. La particularidad de Ronda es que el
escenario de la fiesta pasa directamente de la Plaza Mayor a la
Plaza de Toros, construida a tal fin, exenta del casco urbano,
de obra, sin pasar por la provisionalidad de una plaza de madera
de otras ciudades.
|
|
1754.
El 14 de enero, la Real Maestranza pide al marqués de la
Ensenada autorización para construir una plaza. El 23 de
enero, hacen extensible esta solicitud a Carlos III en colaboración
con el Cabildo. Se señala el sitio escogido para tal fin,
«que llaman de la Hollanquilla, distante de Tajo 82 varas».
1769.
Cesión de los terrenos según acuerdo del Ayuntamiento.
1767 (?).
La petición no tiene buena acogida en la Corte, que contesta
que se haga de madera para las ferias, desarmándola al
concluir los festejos.
1779.
Es más que posible que la Real Maestranza acometiera
la construcción, sin esperar las autorizaciones pertinentes.
Y es probable que el recinto se utilizara antes de este año,
es en junio cuando la Institución da cuenta de un memorial
de don Francisco de Almagro, maestro de obras, solicitando tomar
por su cuenta la construcción de la plaza, que no debía
llevar buen ritmo.
1780-81.
Recaudación de fondos entre 86 maestrantes, residentes
en Ronda y en otros puntos de España, que contribuyen con
cantidades que oscilan entre 750 y 1.500 reales de vellón.
1782.
El 24 y 25 de mayo se utiliza la Plaza, actuando Pedro Romero
y su hermano José, además de una función
del Cuerpo con juegos de alcancías en los que intervinieron
tropas. Por las cuentas de la Maestranza se sabe que se pagaron
a 27 personas, entre «cobradores», «acomodadores»
y «recogedores de boletos». En plena obra, a final
de año el maestro cantero Antonio Guerrero pasa factura
por la construcción de 72 columnas, 72 arcos, 250 varas
de cornisa, 2 columnas pequeñas y «labor en fino
de nueve de dichas columnas». La construcción en
este año recibe un fuerte impulso. En un documento de la
Institución que lleva el significado título de La
Obra, se especifica lo gastado hasta el momento, 87.703 reales.
El capítulo más importante es el de personal: albañiles,
peonaje y la nómina más especializada, como los
canteros de Cabra y los picapedreros de Teba.
|

|
1784.
Año clave en la historia de la plaza, en la que se venían
celebrando festejos con las obras sin concluir. Los de aquel año,
en los que iban a intevenir Pedro Romero y Pepe Illo, siendo Teniente
de Hermano Mayor de la Maestranza don José Moctezuma. En
la tarde del 11 de mayo, fecha del primer festejo de la feria,
en la función de gala del Cuerpo de la Real Maestranza,
organizada como conmemoración del cumpleaños del
Infante don Gabriel, sobre las tres y media de la tarde, y cuando
comenzaba ésta, en una parte acotada de la Plaza, al estar
aún sin terminar, pero que había sido ocupada por
el público, un soldado de las milicias Provinciales, llamado
Isidoro Espinosa, movió una columna y produjo el hundimiento
parcial del coso y, presumiblemente, la porción sostenida
por 16 arcos se vino abajo.
«Un grito general fue apagado por el espantoso estruendo
que causó el derrumbo de una gran parte de la Plaza. Los
diez y seis balcones principales de ella fue lo primero que se
hundió, a cuyo golpe toda la concurrencia huyó despavorida,
unos para auxiliarse y otros miedosos de la muerte. Todo fue confusión,
lamento y dolorosos ayes. Todos temían permanecer allí
y agolpados a la puertas querían salir, al mismo tiempo
que otros pugnaban por entrar. Acudieron los sacerdotes con el
Santo Oleo y el Viático, las campanas tañían
la agonía y diez mil brazos se ocupaban de sacar de entre
el escombro, quien al padre, al hermano o pariente, y quien al
querido amigo que hallaba mutilado o muerto», según
relato basado en un testigo presencial. El presunto causante del
derrumbe perdió la vida, junto a otras diez personas.
1785.
El desgraciado incidente trajo consecuencias. Durante algún
tiempo se prohibió expresamente la celebración de
corridas y se suspendió el permiso para terminar la plaza,
hasta que después de innumerables gestiones se consigue
que se levante esta segunda prohibición en enero de 1785.
La reconstrucción se hace dirigida por el mismo maestro
de obras, Francisco de Almagro, con Juan de Lamas como maestro
cantero y un maestro albañil que se llamaba Antonio Ordóñez.
El día 26 de abril de ese año la Real Maestranza
escribe al Rey dando cuenta de la terminación de las obras.
La inauguración oficial tiene lugar el 19 de mayo, 300
años después de la ocupación de Ronda por
el Rey Católico. Preside el acto Bartolomé Félix
de Salvatierra, Teniente de Hermano Mayor, en representación
del Hermano Mayor, el Infante don Gabriel Antonio, hijo de Carlos
III y de María Amalia de Sajonia. Gran concurrencia popular
y presencia de los 126 hidalgos que componían la nobleza
local ocupando junto a Maestranza y autoridades los palcos de
preferencia.
El 9 de noviembre de 1785, Carlos III prohíbe las fiestas
de los toros, con ciertas excepciones de utilidad pública.
Esta Pragmática no afecta a las funciones de Plaza de Maestranza,
en las que sí se corren toros, por lo general dos festejos.
1788.
En septiembre se termina la portada principal, obra del cantero
rondeño Juan de Lamas. En mayo de ese año llegaron
a contarse 600 personas trabajando en el recinto de la plaza en
sus remates finales.
1797.
Con algo de retraso respecto a otras Maestranzas, se autoriza
la celebración de corridas de toros en la Plaza de Ronda
para funciones de utilidad pública y obras benéficas.
1810.
Las tropas francesas utilizan la Plaza de Toros como
cuartel.
1813.
Acuerdo para hacer obras en la Plaza, «casi arruinada por
los franceses».
|
|
1820.
Durante una corrida en el primer año del Trienio Liberal,
muere la única víctima mortal de la historia de
la Plaza. Francisco Herrera, «Curro Guillén»,
es corneado por un toro de la ganadería utrerana de Cabrera.
Dice la leyenda que fue enterrado junto a los chiqueros. Sus restos
aparecieron durante una reparaciones posteriores. A lo largo del
siglo XIX los festejos más corrientes son los festivales
a beneficio de Hermandades, capeas y novilladas organizadas por
el Municipio, para los que la Maestranza cede la Plaza. A pesar
de no abundar los festejos de gran categoría, por el ruedo
rondeño pasan las mejores figuras, por el timbre de gloria
que tiene la Maestranza, considerada como la cátedra. Así
lo hacen Pepete y Gordito, Curro Cúchares, Guerrita, Reverte,
Mazantini, Caraancha, Espartero, Frascuelo, Antonio Fuentes o
Bombita. En los albores del siglo XX se despiden de novilleros
en Ronda dos grandes figuras, Lagartijo y Machaquito. Después
de un período de decadencia, la aparición de la
figura de Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma,
significará para Ronda una resurrección, que encuentra
continuidad en la figura de Antonio Ordóñez en los
años cincuenta.
|