Francisco Romero.

Dinastía de los Romero

Francisco Romero
Fundador de la gloriosa dinastía de toreros del siglo XVIII. Existen pocas noticias sobre su vida. Nació en Ronda hacia 1700, y se le atribuye la invención de la muleta. La leyenda asegura que su profesión era carpintero de ribera. En su Carta histórica sobre el origen y progreso de la fiesta de los toros en España, Nicolás Fernández de Moratín relaciona que en el año 1726 «...empezó a sobresalir a pie Francisco Romero, el de Ronda, que fue de los primeros que perfeccionaron este arte usando la muletilla, esperando al toro cara a cara y a pie firme, matándolo cuerpo a cuerpo». Añade que el torero «llevaba calzón y coleto de ante, correón ceñido y mangas atacadas de terciopelo negro, para resistir las cornadas».

Juan Romero
Hijo del anterior, que alterna al principio con Joaquín Rodríguez y después con el hijo de éste, el célebre Costillares. Juan Romero consiguió alternar con los mejores diestros de su tiempo, y consiguió fama de torero seguro, siendo de los mejores pagados. Aparece como uno de los primeros en combatir la improvisación de los festejos, organizando su propia cuadrilla de peones que obliga a contratar a las empresas.
Casado con Mariana Martínez, será padre de siete hijos, seis varones de los que cuatro serían toreros, Gaspar, Antonio, José y Pedro. La hija, María Isabel, se casaría con otra figura del toreo de la época, el chiclanero José Cándido.
El primero de su descendientes, Gaspar, muere en la plaza de Salamanca el 16 de septiembre de 1773, actuando como banderillero de la cuadrilla de su padre. Antonio, el más pequeño, muere de una cornada del toro Ollero en Granada, el 5 de mayo de 1802.



José Romero. Francisco de Goya, 1795. Museo de Arte de Filadelfia


Pedro Romero. Francisco de Goya, 1795-98. Museo Kimbell, Fort Worth, Texas

José Romero
Su padre se opuso a su vocación de torero, porque quería que fuese carpintero. Durante un tiempo rivalizó con su hermano Pedro, y alternaba con sus rivales en el ruedo, sobre todo con Pepe Illo, diferencias que según las crónicas, desaparecieron con el tiempo. José tenía excelentes condiciones. Se le califica de torero sobrio, inteligente, que cumplía con decoro y notable éxito. Alternaba con Pepe Illo el 11 de mayo de 1801, cuando un toro le quitó la vida a su compañero de terna. Las temporadas de 1802 y 1803 están consignadas como sus mejores años. En 1804, al decretarse la prohibición de la fiesta de los toros, tuvo que retirarse. Años más tarde, en 1818 se celebraron unas corridas de toros en Madrid, a beneficio de la Sacramental de San Andrés. José fue invitado a torear, pero el primer día tuvo la desgracia de clavarse una banderilla, y desde
entonces ya no pudo volver a matar toros. Contaba 73 años de edad.


Pedro Romero
«Serrano el rostro hermoso, desprecia el riesgo que le está esperando»
Moratín, Oda a Pedro Romero.
Considerado como la figura más representativa de la historia del toreo, nació en Ronda el 19 de noviembre de 1754. Su padre también quiso que aprendiera el oficio de carpintero, pero acabó por tener que enseñarle el suyo. Según Cossío, la primera vez que pisó una plaza fue en una fiesta organizada por señores de Ronda en Los Barrios, Cádiz. Siendo todavía un niño participó en dos corridas de novillos en Algeciras, sin el conocimiento de sus padres.
Los comienzos profesionales de Pedro fueron al lado de su padre. En 1771, como segundo espada de su cuadrilla, mató el primer toro en Ronda, durante la función benéfica que organizaba Francisco Romero. Tenía diecisiete años.
En 1772 debutó en la plaza de Sevilla. En Madrid se presentaría en 1775, en una corrida en la que su padre alternaba con Costillares; en calidad de sobresaliente, sin figurar en los carteles, mató dos toros, que le valieron desde el primer momento para llamar la atención. El año 1776 fue el de su consagración; estoqueó 285 toros, y ya decían de él en Madrid que no había animal que le presentara dificultades.
Al año siguiente comienza su competencia con el sevillano Pepe Illo, una de las competencias más apasionadas de la historia taurina, causa de enfrentamientos violentos entre partidarios de uno y de otro.
A finales de la temporada de 1794, pensó en retirarse para buscarse un medio de vida. A pesar de las ganancias, por unas causas o por otras, no había conseguido ahorrar para mantenerse. Se retiró definitivamente en 1799. Según contaba él mismo, «ajustada la cuenta de los años en que he matado toros, en el espacio de 28 años, me parece que se puede arreglar que habré matado en cada uno de los dichos años doscientos toros por año, que a mi suma hacen 5.600 toros, y estoy persuadido de que quizá serán más». Hay que añadir que no sufrió ni una sola cogida, ni el más leve rasguño en tan dilatada trayectoria, un caso único. Se retiró el 20 de octubre de 1799, compartiendo cartel en Madrid con Pepe Illo y su hermano Antonio Romero.
Por lo que se conoce, Pedro Romero era un espíritu fuerte y decidido, de gran vigor físico. En 1830 se funda la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, de la que fue nombrado director por mandato directo de la Corona, con un sueldo anual de 12.000 reales. Después de una breve estancia en Madrid, volvería a Ronda. En su ciudad natal muere el 10 de febrero de 1839.
Pedro Romero es el primer matador de toros que consigue respeto social dentro y fuera de los ruedos, y dignifica la figura del matador de toros en la sociedad española. Francisco de Goya lo inmortaliza en un retrato y en sus grabados de la Tauromaquia. Su personalidad le granjea afectos y amores de damas de alta cuna. Como canta la coplilla popular:

 

«Dos duquesas se disputan
los amores de un torero, lero
no se llama Pepe Illo, lillo
se llama Pedro Romero, lero
se llama Pedro Romero
lero, lero, lero, lero
dos duquesas y un torero»


Cayetano Ordóñez,
«Niño de la Palma»
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Foto: Martín.


Antonio Ordóñez. Foto: Martín

Francisco Rivera Ordóñez.
Foto:Atín Aya

Dinastía de los Ordóñez

Cayetano Ordóñez, «Niño de la Palma»
El creador de la segunda dinastía torera rondeña nace en Ronda en enero de 1904. Sus padres poseían una zapatería, «La Palma», de la que le vendría el sobrenombre. La familia se traslada a La Línea de la Concepción en el año 1917, donde Cayetano comienza sus pinitos como maletilla por las ganaderías de la comarca. Con diecisiete años se arroja como espontáneo en una novillada en Ceuta, plaza en la que actúa en 1922 con un traje pagado por un espectador. Un año más tarde debuta en Ronda, siendo el primer torero que sale a hombros por la Puerta Principal de la Maestranza, y en 1924 arma el taco en Sevilla, saliendo también a hombros. A partir de entonces, todas las plazas y aficiones de España lo solicitan. Toma la alternativa en Sevilla, de manos del gran Juan Belmonte. La crítica de la corrida celebrada en Madrid el 16 de julio de 1925, publicada en El Heraldo, dice: «Desde ayer, merced a Cayetano, sabemos de modo que no deja lugar a dudas lo que es, lo que debe ser el toreo. Cayetano cogió la disciplina y arrojó valerosamente del templo a los mercaderes. Los contorsionistas del toreo han caído ya de sus pedestales. La revolución ha triunfado... Los falsos ídolos yacen entre el polvo. El toreo resurge. ¡Resurrexit! ¡Resurrexit!».
Torea por última vez en 1942, en Aranda de Duero. Fue director de la Escuela Taurina de Lisboa, y muere en Madrid, el 30 de octubre de 1961.

Antonio Ordóñez
Nace en Ronda el 16 de febrero de 1932, en la finca Recreo del Niño de la Palma, propiedad de su padre. Con él comienza una tercera edad de oro del toreo rondeño. Torero de excepcionales cualidades, poderoso, de profundo sabor clásico, que levanta entusiasmos allí por donde pasa. Sus mejores temporadas son las de 1959 y 1960.
Su rivalidad con otro gran torero, Luis Miguel Dominguín, sus intensos mano a mano llenarían las páginas de los periódicos y serían llevados a la literatura por Hemingway en sus relatos «Verano sangriento». Muy castigado por los toros, treinta cornadas en su haber, en 1981 tiene que abandonar los ruedos debido a serias lesiones que le impiden torear. «Ligado, lento, suave, armonioso, elegante...», así veían los críticos al torero de Ronda. Durante el tiempo que se mantuvo activo fue, sin discusión, el mejor. Su forma de entender el arte de torear alcanzó una lentitud prodigiosa, en la que se fundían la maestría y la inspiración. Despertó la admiración de personalidades como Orson Welles y el escritor Ernest Hemingway, que se contaban entre sus amistades.

Francisco Rivera Ordóñez

Francisco Rivera Ordóñez nació en Madrid, el 3 de enero de 1974. Tomó la alternativa el 23 de abril de 1995, en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla. Su padrino fue Espartaco y actuó de testigo Jesulín de Ubrique. Es el continuador de una gran estirpe de toreros. Hijo del famoso y malogrado Paquirri; nieto de Antonio Ordóñez, de quien recibió sus primeras lecciones taurinas; biznieto de Cayetano Ordóñez, sobrino de Curro Vázquez y de Luis Miguel Dominguín y primo hermano del también matador Jose Antonio Canales Rivera. En la actualidad, compagina su profesión taurina con la de empresario de la plaza de Ronda, continuando la tradición de su abuelo en su cita anual con las corridas goyescas que se celebran durante la Feria de Pedro Romero.